3 March 2026

DECLARACIÓN DE LA ICM SOBRE LOS ATAQUES CONTRA IRÁN Y LA ESCALADA MILITAR EN ORIENTE MEDIO

(Foto: AP)

Trabajadores por la paz, contra la escalada y la dominación

La Internacional de Trabajadores de la Construcción y la Madera condena la guerra de agresión ilegal iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán, la búsqueda imprudente de un cambio de régimen mediante la fuerza militar y el ciclo de escalada militar resultante, incluidos los ataques de represalia de Irán, que ha agravado la inestabilidad en todo Oriente Medio y ha provocado la trágica muerte de muchos civiles, entre ellos escolares, atrapados en la violencia.

No se trata solo de una crisis regional. Refleja una tendencia más amplia y peligrosa: la concentración y privatización del poder político, combinada con la normalización de la acción militar unilateral y las medidas coercitivas como herramientas de influencia política. Cuando las decisiones sobre la guerra y la paz se desvinculan de la rendición de cuentas democrática y la supervisión multilateral, se desmoronan los cimientos de la estabilidad internacional.

Este patrón no es un caso aislado. Desde Ucrania hasta Palestina y Venezuela, y en otros lugares, vemos situaciones repetidas en las que se recurre a la fuerza militar, las sanciones y la presión externa para influir en los resultados políticos. Sea cual sea la justificación esgrimida, este tipo de enfoques corren el riesgo de crear un mundo en el que los Estados más poderosos se reserven el derecho de decidir el destino de los demás.

Los sindicatos no pueden aceptar un mundo gobernado por la fuerza en lugar de por el derecho.

La historia nos enseña una dura verdad: las guerras no las hacen los trabajadores, y las guerras no sirven a los trabajadores. Más bien, sirven a la competencia geopolítica y, con demasiada frecuencia, a los intereses económicos arraigados de quienes se benefician del dominio estratégico y la especulación financiera.

Los trabajadores de la construcción, incluidos muchos trabajadores migrantes, construyen sociedades. No las destruyen. Son ellos quienes pierden sus empleos, sus hogares, su seguridad y, en demasiados casos, sus vidas. Los trabajadores de la construcción y la edificación, en particular, saben lo que significa reconstruir lo que la guerra destruye, a menudo en condiciones peligrosas y de explotación.

Nos acercamos a un momento de grave peligro global. Las acciones militares cerca de instalaciones nucleares entrañan el riesgo de consecuencias catastróficas. El Organismo Internacional de Energía Atómica ha advertido en repetidas ocasiones de que los continuos ataques en una región que alberga múltiples instalaciones nucleares podrían empujar al mundo hacia un umbral peligroso. La escalada en estas condiciones no solo es irresponsable, sino que amenaza a la humanidad en su conjunto.

La ICM exige:

  • Una desescalada inmediata y un alto el fuego;
  • El pleno respeto de la Carta de las Naciones Unidas y del derecho internacional humanitario;
  • Un nuevo compromiso con la diplomacia multilateral frente al uso unilateral de la fuerza;
  • El estricto cumplimiento de las normas internacionales de seguridad nuclear;
  • La participación activa de los sindicatos y la sociedad civil en la construcción de la paz.

La paz no vendrá de los misiles. La paz requiere valentía política y una presión organizada y colectiva desde la base. Requiere que los trabajadores de todos los países rechacen la lógica que nos divide y, en su lugar, afirmen nuestra creencia compartida en la dignidad, la justicia, la igualdad entre las naciones y el respeto al derecho internacional.

Las guerras no las libran los muchos para los muchos. Sirven a unos pocos, mientras que los trabajadores y trabajadoras asumen el coste. Ante esta realidad, la solidaridad transfronteriza es nuestra defensa más sólida y nuestra responsabilidad compartida para proteger nuestra humanidad común.