28 August 2026
LA ICM SE MANIFIESTA EN SOLIDARIDAD CON NEPAL Y EL TÍBET TRAS LAS DEVASTADORAS INUNDACIONES REPENTINAS
Fotografía: Navesh Chitrakar/Reuters
La ICM está profundamente consternada por las devastadoras riadas que se produjeron a lo largo de la frontera entre Nepal y el Tíbet el 26 de agosto de 2026, las cuales han causado trágicas pérdidas de vidas humanas, han dejado a muchas personas desaparecidas o desplazadas y han dañado gravemente viviendas, lugares de trabajo, carreteras y servicios esenciales. Nuestro más sincero pésame a las víctimas y a las comunidades afectadas. Se trata de un momento extremadamente difícil, marcado no solo por la pérdida de vidas, sino también por el inmenso reto que supone reconstruir hogares, medios de vida y comunidades.
La ICM se une a sus afiliadas nepalíes, ANCWU, CAWUN y CUPPEC, para instar al Gobierno de Nepal a que movilice todos los recursos disponibles y la maquinaria estatal para llevar a cabo labores urgentes de rescate, socorro y recuperación. Asimismo, instamos a la comunidad internacional a que se solidarice con los pueblos de Nepal y el Tíbet y proporcione asistencia humanitaria inmediata y apoyo a largo plazo para la recuperación y la resiliencia climática.
Las evaluaciones científicas preliminares indican que una avalancha de hielo y rocas asociada al colapso de un glaciar desencadenó las inundaciones, y que los escombros y el agua resultantes se precipitaron a través de los sistemas fluviales aguas abajo. Sin embargo, la magnitud y la devastación del desastre reflejan una convergencia más amplia de riesgos en la región del Himalaya, entre los que se incluyen las lluvias extremas, la inestabilidad de los glaciares y el permafrost, los deslizamientos de tierra y la exposición de las comunidades y las infraestructuras críticas en los valles montañosos escarpados. El cambio climático agrava estos riesgos al acelerar la pérdida de glaciares, alterar los patrones de precipitación y desestabilizar los entornos de gran altitud. Nepal contribuye con menos del 0,1 por ciento de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, pero se enfrenta a algunas de las consecuencias más graves del calentamiento global. Esto es una injusticia climática.
Esta tragedia pone de relieve por qué la acción climática ya no puede tratarse meramente como una campaña o una aspiración a largo plazo. Debe ser una respuesta urgente y colectiva a una crisis existencial a la que se enfrenta la humanidad. Los gobiernos deben actuar con decisión para reducir las emisiones, reforzar la preparación ante desastres y la adaptación al cambio climático, y proporcionar financiación adecuada para las pérdidas y daños, así como para una reconstrucción resiliente. No se debe permitir que quienes menos responsabilidad tienen en la crisis climática sean quienes soporten sus mayores costes.
La ICM se mantiene firmemente del lado de todos los trabajadores, familias y comunidades afectados en estos momentos difíciles. La protección de la vida y la dignidad humanas debe seguir siendo la máxima prioridad.